Entrenamiento Aeróbico y de Fuerza en Rehabilitación Cardiovascular
Walter D. Rosales1.
1Centro de Vida. Fundación Favaloro. Mendoza, Argentina.
Fundamento para el entrenamiento "aeróbico"
El endotelio es el responsable de la homeostasis de la pared vascular, es antiadherente, antitrombótico y ayuda a mantener el flujo sanguíneo. Es necesaria la existencia de endotelio sano para que se produzca la respuesta normal de dilatación vascular, a través de la secreción de sustancias relajantes vasculares como: óxido nítrico (ON), prostaciclinas y péptido natriurético C. En condiciones normales, el equilibrio entre vasodilatación y vasoconstricción, tiende hacia la vasodilatación y se mantiene así por efecto de las sustancias ya mencionadas.
Cuando el endotelio está lesionado o enfermo este equilibrio se pierde, favoreciendo la vasoconstricción , que es mantenida por la Angiotensina II - endotelina y los mediadores que en caso de ausencia o disfunción endotelial causan contracción del músculo liso vascular, como ocurre en la enfermedad coronaria, hipertensión arterial (HTA) y en la insuficiencia cardíaca (IC). Por lo tanto, un relevante objetivo terapéutico actual es mejorar la disfunción endotelial.
Dentro de este marco, el ejercicio físico programado (EFP) en la IC produce un aumento del tono parasimpático con disminución de la actividad adrenérgica, atenuando los efectos deletéreos de la hiperactividad simpática (taquicardia, vasoconstricción). Aumenta la velocidad de flujo sanguíneo debido a menor vasoconstricción periférica y aumenta la liberación endotelial de sustancias vasodilatadoras como el ON, así mejora la capacidad vasodilatadora alterada por la disfunción endotelial.
Por otra parte, las anomalías en el transporte y aprovechamiento del oxígeno en la IC, serían parcialmente reversibles mediante el EFP. La disfunción endotelial se expresa como incapacidad para la vasodilatación y es generalizada en el árbol vascular.
En términos generales, el EFP, más allá de los beneficios demostrados en distintas funciones fisiológicas (?VO2máx, ?Frecuencia Cardíaca, ?Presión Arterial); ha demostrado en cardiópatas mejoría endotelial, medida a través de la capacidad de vasodilatación en arterias periféricas, especialmente en pacientes con HTA esencial y en pacientes con IC crónica (1).
Fundamentos para el entrenamiento de "fuerza"
Para alternar formas de entrenamiento físico - sobre todo con ejercicios de los miembros superiores (MS) - Blomqvist analizó las respuestas agudas y crónicas, concluyendo en que: "en un sentido general, la fisiología apoya el concepto de que los programas terapéuticos de actividad física, no deberían limitarse a la ejecución dinámica de miembros inferiores (MI) sino que tendrían que incluir actividades del segmento superior del cuerpo. Los ejercicios diseñados específicamente para mejorar la fuerza muscular, pueden ser beneficiosos y no se justifica excluir todas las actividades que exigen predominantemente efectos estáticos" (2)
En cardiópatas cuyas actividades recreativas u ocupacionales requieren de fuerza o resistencia muscular, varias evidencias parecen apoyar el desarrollo de ejercicios de fuerza muscular como complemento del entrenamiento convencional de MI. Muchas tareas de la vida diaria se desarrollan mediante esfuerzos estáticos o isodinámicos que con frecuencia, exigen más de los MS que de los MI (2) . Dado que la respuesta de la Tensión Arterial (TA) al ejercicio estático es consecuencia de su intensidad relativa - porcentaje de contracción voluntaria máxima CVM - (2) , de su duración y de la masa muscular involucrada (4,5), el aumento de la fuerza muscular debería provocar una reducción de la TA, cualquiera que sea el nivel de carga o esfuerzo, porque ahora este representa un porcentaje inferior de la CVM.
Aunque el entrenamiento de fuerza a intensidades leves tiene poco o ningún efecto sobre la aptitud cardiorespiratoria, se pueden diseñar programas que incluyan un circuito de ejercicios con pesas para producir incrementos pequeños a moderados (5%) de la capacidad aeróbica (6). En gran medida, el consabido argumento de que entrenar con pesas beneficia poco la función cardiovascular, se fundamenta en estudios que evaluaron su efectividad con pruebas desarrolladas sobre bandas deslizantes, también conocidas como "bandas sin fin" o "plataforma móvil" o en cicloergómetro. Al comparar las respuestas hemodinámicas durante una prueba isométrica estandarizada, antes y después de realizar los ejercicios, se detectaron mejorías (7). Estos hallazgos apoyan fuertemente la especificidad de la medición y la del concepto de aptitud.
También hay datos intrigantes que sugieren que esta "ejercitación de la fuerza", puede incrementar la resistencia muscular sin un aumento concomitante del VO2máx. Hickson y col. (8) llevaron adelante el siguiente trabajo de investigación, nueve varones (X edad = 23 años) participaron de un programa diseñado para fortalecer los cuádriceps que, con una duración de 10 semanas y a razón de 5 días por semana consistía en ejercicios como ponerse en cuclillas, flexionar y extender las rodillas, presionar los muslos "luchando" contra esa presión y elevar las pantorrillas. Con este entrenamiento, el "volumen" o dimensión de los muslos aumentó significativamente y la fuerza muscular se incremento en un 40%. Aunque el VO2máx esencialmente no sufrió cambios, el tiempo de resistencia al agotamiento aumentó al pedalear (47%) y al correr (12%). Estos hallazgos indican que la resistencia no es función exclusiva del ejercicio aeróbico sino que puede mejorarse significativamente al incrementar la fuerza y/o la masa muscular. Este, es un argumento adicional para asociar a los ejercicios aeróbicos el uso complementario del entrenamiento con pesas.
En personas con cardiopatías el entrenamiento regular u progresivo con ejercicios de resistencia, puede reducir la TA en hipertensos, la tolerancia a la glucosa, la sensibilidad a la insulina y los niveles de lípidos y lipoproteínas (9,10) aunque esto último genera polémica (11).
REFERENCIAS
1. Arnaldo Angelino. Roberto M Peidro. Juan H. Saglietti. Actualización,
Normas y Conceptos Básicos en Ergometría, Rehabilitación
Cardiovascular y Cardiología del Deporte. Sociedad Argentina de Cardiología.
2000.
2. Blomqvist C.G. Upper extremity exercise testing and training. In Wenger N.K., ed. 2. Philadelphia: F.A. Davis. 1985.
3. Lind A.R., Taylor S.H., Humphreys P.W., Kennelly B.M., Donald K.W. Circulatory effects of sistainded voluntary muscle contraction. Clin Sci; 27: 229-244. 1964.
4. Mitchell J.H., Payne F.C., Satlin B., Schibye B. The role of muscle mass in the cardiovascular response to static contractions. J. Physiol; 309: 45-54. 1980.
5. Seals D.R., Washburn R.A., Hanson P.G., Painter P.L. Nagle F.J. Increased cardiovascular response to static contraction of larger muscle groups. J. Appl Physiol; 54: 434-437. 1983.
6. Gettman L.R., Pollock M.L. Circuit weight training: A critical review of its physiological benefits. The Physician and Sports Medicine; 9: 44-60. 1981.
7. Lewis S., Nygaard E., Sanchez J., Egeblad H., Saltin B. Static contraction of the quadriceps muscle in man: Cardiovascular control and responses to one-legged strength training. Acta Physiol Scand; 122: 341-353. 1984.
8. Hickson R.C., Rosenkoetter M.A., Brown M.M. Strength training effects on aerobic power and shor-term endurance. Med Sci Sports Exerc; 21: 689-693. 1980.
9. Goldberg A.P. Aerobic and resistive exercise modify risk factors for coronary heart disease. Med Sci Sports Exerc; 21: 669-674. 1989.
10. Ewart C.K. Physiological effects of resistive weight training: Implications for cardiac patients. Med Sci Sports Exerc; 21: 683-688. 1989.
11. Hurley B.F. Effects of resistive training on lipoprotein-lipid profiles: A comparison to aerobic exercise training. Med Sci Sports Exerc; 21: 689-693. 1989.
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Para citar este artículo: Rosales, Walter D. Entrenamiento Aeróbico y de Fuerza en Rehabilitación Cardiovascular.